viernes, 12 de junio de 2009

GABRIELA MISTRAL / DIOS LO QUIERE


I

La tierra se hace madrastra

si tu alma vende a mi alma.

Llevan un escalofrío

de tribulación las aguas.

El mundo fue más hermoso

desde que me hiciste aliada,

cuando junto de un espino

nos quedamos sin palabras,

¡y el amor como el espino

nos traspasó de fragancia!

Pero te va a brotar víboras

la tierra si vendes mi alma;

baldías del hijo, rompo

mis rodillas desoladas.

Se apaga Cristo en mi pecho¡

y la puerta de mi casa

quiebra la mano al mendigo

y avienta a la atribulada!

II

Beso que tu boca entregue

a mis oídos alcanza,

porque las grutas profundas

me devuelven tus palabras.

El polvo de los senderos

guarda el olor de tus plantas

y oteándolas como un ciervo,

te sigo por las montañas...

A la que tú ames,

las nubesla pintan sobre mi casa.

Ve cual ladrón a besarla

de la tierra en las entrañas,

que, cuando el rostro le alces,

hallas mi cara con lágrimas.

III

Dios no quiere que tú tengas

sol si conmigo no marchas;

Dios no quiere que tú bebas

si yo no tiemblo en tu agua;

no consiente que tú duermas

sino en mi trenza ahuecada.

IV

Si te vas, hasta en los musgos

del camino rompes mi alma;

te muerden la sed y el hambre

en todo monte o llanada

y en cualquier país las tardes

con sangre serán mis llagas.

Y destilo de tu lengua

aunque a otra mujer llamaras,

y me clavo como un dejo

de salmuera en tu garganta;

y odies, o cantes, o ansíes,

¡por mí solamente clamas!

V

Si te vas y mueres lejos,

tendrás la mano ahuecada

diez años bajo la tierra

para recibir mis lágrimas,

sintiendo cómo te tiemblan

las carnes atribuladas,

¡hasta que te espolvoreen

mis huesos sobre la cara!

ESTOY LLORANDO
Me has dicho que me amas y estoy llorando. Me has dicho que pasarás conmigo entre tus brazos por los valles del mundo.
Me has apuñalado con la dicha no esperada.
Pudiste darmela gota a gota como el agua al enfermo¡ y me pusiste a beber en el torrente!
Caída la tarde estaré llorando hasta que el alma comprenda. Han escuchado mis sentidos, mi rostro,mi corazón.
Mi alma no acaba de comprender.
Muerta la tarde divina, volveré vacilando hacia la casa, apoyándome en los troncos del camino.
Es la senda que hice esta mañana y no la voy a reconocer.
Miraré con asombro el cielo, el valle, los techos de la aldea, y les preguntaré sus nombre, porque he olvidado toda la vida.
Mañana me sentaré en el lecho y pediré que me llamen para oir mi nombre y creer. Y volveré a estallar en llanto: ¡me has apuñalado con la dicha!.

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