viernes, 12 de junio de 2009

JORGE LUIS BORGES



UN LECTOR


Que otros se jacten de las páginas que han escrito;

a mí me enorgullecen las que he leído.

No habré sido un filólogo,

no habré inquirido las declinaciones,

los modos, la laboriosa mutación de las letras,

la de que se endurece en te,

la equivalencia de la ge y de la ka,

pero a lo largo de mis años he profesado la pasión del lenguaje.

Mis noches están llenas de Virgilio;

haber sabido y haber olvidado el latín es una posesión,

porque el olvido es una de las formas de la memoria, su vago sótano,

la otra cara secreta de la moneda.

Cuando en mis ojos se borraron las vanas apariencias queridas,

los rostros y la página,

me di al estudio del lenguaje de hierro que usaron mis mayores

para cantar espadas y soledades,

y ahora, a través de siete siglos

desde la Última Thule,

tu voz me llega, Snorri Sturluson.

El joven, ante el libro,

se impone una disciplina precisa

y lo hace en pos de un conocimiento preciso;

a mis años, toda empresa

es una aventura que linda con la noche.

No acabaré de descifrar las antiguas lenguas del Norte,

no hundiré las manos ansiosas en el oro de Sigurd;

la tarea que emprendo es ilimitada

y ha de acompañarme hasta el fin,

no menos misteriosa que el universo

y que yo, el aprendiz.


EL DESTERRADO (1977)

Alguien recorre los senderos de Ítaca

y no se acuerda de su rey, que fue a Troya

hace ya tantos años;

alguien piensa en las tierras heredadas

y en el arado nuevo y el hijo

y es acaso feliz.

En el confín del orbe yo,

Ulises,descendí a la Casa de Hades

y vi la sombra del tebano Tiresias

que desligó el amor de las serpientes,

Y la sombra de Heracles

que mata sombras de leones en la pradera

y así mismo está en el Olimpo.

Alguien hoy anda por Bolívar y Chile

y puede ser feliz o no serlo.

Quién me diera ser él.



AUSENCIA
Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo: cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste, cuántos lugares se han tornado vanos y sin sentido, iguales a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia que como un sol terrible,
sin ocaso, brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.


EL REMORDIMIENTO
He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer.
No he sido feliz.
Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan,
despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego arriesgado
y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé.
No fui feliz.
Cumplida
no fue su joven voluntad.
Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte,
que entreteje naderías.
Me legaron valor.
No fui valiente.
No me abandona.
Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.



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